Friday, May 05, 2006

Hospital de la Vida…

Me encontraba en mi cuarto o quinto sueño, cuando la voz temblorosa de mi madre me llamó con angustia y preocupación…eran casi las dos de la madrugada y mi hermano, víctima de un dolor estomacal, pedía ayuda a unos metros de mi cama. De inmediato tomamos la decisión de llamar a una ambulancia al 911 y acompañarlo al hospital más cercano…él afirmaba que era algo grave que no podía respirar y que la presión se le estaba bajando, mientras que lo que ocurría era algo un poco a la inversa, pues su presión se hallaba tan alta debido a una intoxicación por ingestión, que su cuerpo le reclamaba que hiciera algo al respecto. Ya de camino al hospital y en plena ambulancia le pareció que si lograba vomitar (lo cual con el baile de la ambulancia sería algo casi natual), pues se sentiría mejor y gracias a Dios que así fue. Al llegar a un famoso hospital en el centro de la capital, en donde nos había llevado un compañero de la Cruz Roja, pues se sentía mucho mejor. Serían las 2:15 a.m. cuando estuvimos en la sala de ingreso…lugar lleno de caras largas, con una veintena de personas solicitando ayuda. Algunas se encontraban solas, con no más compañía que el frío de la madrugada y el dolor que les aquejaba. Otras personas se hallaban con toda la familia a bordo y hasta un par de sospechosos, escoltados por policías y con algunas serias heridas de cuchillo. El espectáculo estaba a sala llena y con sólo ver la voz y el modo de la persona que tomaba los datos, te darían ganas de llorar…si no es que el dolor ya lo estaba provocando. En la esquina y a sólo viente metros de ahí, un vendedor callejero hacía de las suyas, vendiendo desde golosinas, hasta emparedados y refrescos y por supuesto que también tenía cigarros…su jornada terminaba pasadas las cuatro de la madrugada y aquella noche se estaba poniendo buena. Ha de ser un poco difícil de asimilar, el hecho de que entre más gente salga herida o esté enferma, mejor te irá en tu negocio. Pues serían las 2.30 p.m., cuando de nuevo hice la consulta al “atento” caballero, sobre la hora en que sería atendido mi hermano…y la respuesta siempre fría y de mala manera que hasta te dan ganas de pasarlo por la ventana o pasarte al otro lado y que él se de cuenta de cómo no se debe tratar a la gente…y es que precisamente se supone que vas para sentirte mejor y parece que debes suplicar por ayuda, en lugar de recirbir esa mano amistosa y cálida que te va a ayudar.
Alguien lloraba a unos pasos de donde me encontraba, pues el doctor de turno le había comentado que su madre no se estaba recuperando, inmediatamente el equipo familiar empezó a trabajar y uno a uno le fueron dando sus gestos de aliento y le explicaron que había que ir aceptando la voluntad de Dios y que de alguna manera, no se podía tomar eso como una última palabra, sino que habría que valorar la opinión de otro especialista. En ese momento tres de los familiares, mirando el reloj e indicando que su trabajo iniciaba a las 7 a.m., tomaron un taxi y se despidieron del resto, no sin antes indicar que cualquier cosa que pasara los llamaran. A unos tres pasos de ahí, un par de mujeres de origen nicaraguense esperaban algunos resultados y medicinas, una de ellas en avanzado estado de embarazo, se acariciaba su abdomen e indicaba a su amiga que el retoño estaba por venir, que era cuestión de días. Un alcohólico que igualmente era un buen fumador, les seguía como reportero a artista que ha sido tachado con algún escándalo sexual, pidiendo y casi exigiendo que le dieran un cigarrillo. De mala manera y con plena justificación, un joven que acompañaba a su madre le pidió que las dejara en paz. El anciano indignado accedió y se sentó al lado de su amigo, quien portaba un escandaloso traje entero a cuadros, que tendría muchos meses de no recibir más agua, que los aguaceros que su dueño habría recibido en las calles y en las frías noches de invierno. Eran visiblemente compañeros de la noche, amigos de tragos y pues seguramente se habrán conocido por medio de su inseparable amigo, el alcohol. Ese día para su pesar, no tenían ni gota de tan preciado líquido y el moreno de unos 50 años, con traje a cuadros le gritaba al anciano:
“Oye, viejo…por qué no tomamos un poco de esta botella de champaña que tengo por acá guardada…?” Y sacando una botella de vino alemán de un tono azul oscuro, sin gota alguna…se la pasaba el viejo. Este, algo enojado le contestó de inmediato:
“Mira cabrón, pero no estás viendo que esta botella está vacía, ya me la pegué a la boca y no tiene nada…”.
De inmediato, el moreno le contesta: “Pues claro que ya sé que no tiene, pero si lo llenás de agua allá en el baño del hospital nos podemos imaginar que tomamos champaña y además así me quito esta sed que tengo, andá a llenarlo…”
Al viejo seguramente le pareció buena idea, pues en menos de lo que canta un gallo, tomó la botella oscura y se encaminó al baño del hospital…un guarda que apenas si se mantenía alerta y lo que buscaba era protegerse del frío, apenas si echó a ver que el anciano caminaba hacia la sala de espera y luego hacia el baño…su figura menuda, apenas si fue percibida por el señor que dormía en tres de las incómodas sillas plásticas, o por la mujer que sostenía en brazos a su hijo, o por la pareja que acababa de ingresar, pues el dolor interno del señor, apenas si le permitía respirar. Eran casi las 3 a.m. y mi hermano apenas estaba siendo llamado a la sala de observación número 8, sinceramente las restantes 7 salas nunca las ví y al salir, casi 20 minutos después de que ingresó y cuando ni siquiera lo habían revisado, fue cuando me dí cuenta que era simplemente otra sala de espera en la cual hacía menos frío y tendrías la gran oportunidad de ser contagiado con más enfermedades de las que estás expuesta en la entrada de dicho centro hospitalario.
Es un poco triste referirse de esta manera a uno de los dos centros hospitalarios más importantes de este país, pero acá es cuando caemos en cuenta que si bien se han dado algunos importantes avances en el sector de la salud, aún queda mucho por hacer…y no es sólo apagar incendios o trabajar reaccionando con todo lo que sucede, sino que estamos aún en pañales, creo que más que el niño de la nicaraguense que no ha nacido, más que aquel niño que apenas se planea por parte de sus padres.
Es que el carisma o la disposición que tenga un profesional en el campo de la salud debe ser algo real, debe ser el acto más honesto que se realice y por otro lado, las políticas o la estructura que se tenga, debe estar separada de la política y debe entregarse a las personas que realmente harán con ella, algo para el bien del resto de la población y no de ella, el medio para lucrar y buscar algún otro puesto que los tenga conectados a la incubadora del negocio del estado, pues el hospital de la vida es que se ve en las calles, no el que se ve por la ventana de la oficina de algunos grandes jerarcas de nuestro país, los cuales seguramente no han visitado el Hospital San Juan de Dios a las 2 de la madrugada.

1 comment:

Andrea said...

Siiii!! qué barbaridad!! qué tristeza!!! A nosotros nos toca ir al Calderón... y es cierto... falta mucho por hacer...
Los burócratas que no mueven la cosa con profesionalismo y los políticos que se echan la plata a la bolsa de lo que nos toca a todos! Y nosotros... berreamos! Pero deberíamos tomar cartas en el asunto y movernos masivamente como lo hicieron los colegiales en Chile el mes pasado!!!
Pura vida,